Imágenes: Luis Lorente

El show de Amaral es, hoy por hoy, el más espectacular del panorama musical español y ayer se pudo constatar en el concierto que realizaron en el recinto de peñas dentro de los actos programados por las fiestas laurentinas. El pop/rock de Amaral tiene tendencia a los medios tiempos, canciones en los que la melodía predomina por encima del ritmo, en los que la voz de Eva Amaral es el centro de atención. Por ello, hay que compensar esa falta de punch rítmico con un espectáculo visualmente contundente, es el abc del show bussines. Eso era lo que le faltaba, hace tres décadas, a los conciertos de Mecano, por encontrar un referente directo a lo que representa hoy en día Amaral dentro del pop español, y la banda zaragozana ha sabido compensarlo con una puesta en escena espectacular, creada por Maxi Gilbert junto con Diego Jiménez, de XLR Producciones.

Amaral en su concierto en las fiestas de San Lorenzo 2016

Amaral en su concierto en las fiestas de San Lorenzo 2016

La formación

Eva Amaral tiene una muy buena voz y la modula como le da la gana, en ello tiene uno de sus principales valores, y en directo es tan efectiva como lo es en estudio. Sabe moverse encima del escenario, tiene presencia, cuesta creer que en sus inicios empezara tocando un instrumento tan estático como es la batería. Se mueve con seguridad, plantada en el escenario, eclipsando al resto de la banda.

Juan Aguirre se mantiene en un discreto segundo plano, colocado a la izquierda del escenario, apareciendo en determinados solos de guitarra o cuando su voz refuerza la de Eva, pero decide quedarse a la altura del resto de músicos que les acompañan. En Amaral, es Eva la frontwoman y todo orbita a su alrededor. Es una decisión acertada, la cantante es una auténtica fiera encima de las tablas.

Completan la formación Ricardo Esteban al bajo, Toni Toledo a la batería y Tomás Virgós a los teclados y secuencias. Una banda que ofrece un sonido sólido, sin fisuras, equilibrado y sin estruendos. No se pierden en inútiles demostraciones de virtuosismo, van a lo práctico y efectivo y, sinceramente, se agradece. El sonido de Amaral en directo es francamente bueno, muy superior al de otras bandas de su mismo nivel de popularidad.

Una espectacular escenografía arropa al grupo.

Una espectacular escenografía arropa al grupo.

El espectáculo

Nocturnal es el título del último trabajo de Amaral, editado en 2015, por lo que no es de extrañar el diseño de la escenografía de esta gira. Una caja negra iluminada por estrellas y constelaciones, que aparecen y desaparecen en función de la setlist, crea una atmósfera mágica. Completa este marco un diseño de luces efectivo, que ha de servir para varios objetivos, entre el que se encuentra ponerse al servicio de la auténtica estrella de la escenografía: una pantalla circular.

Esta pantalla arropa a Eva Amaral, en ella se proyectan imágenes que refuerzan las letras de las canciones o imágenes en directo del propio concierto. Es un recurso que habíamos visto en 1987, en la gira A momentary lapse of reason, de Pink Floyd, pero que en este caso, bajando la pantalla casi a la altura del horizonte escénico, adquiere otro tipo de protagonismo, más escénico que ilustrativo, como era el caso de los británicos. De esta manera, esta pantalla se convierte en la Luna, en una discotequera bola de espejos o en un psicodélico chroma setentero, según convenga. Es una muy buena idea y da un excelente resultado. Tardaremos años en ver en la música española una escenografía tan espectacular y puesta al servicio de la música como la que lleva Amaral.

Juan Aguirre y Eva Amaral, frente a frente.

Juan Aguirre y Eva Amaral, frente a frente.

El concierto

La música de Amaral transita desde el rock amable hasta un pop easy listening que, como ya hemos comentado antes, resulta en una música a la que le falta la contundencia sonora necesaria para mantener la atención del público en un concierto de estas dimensiones. Quizás el tema más compacto es Llévame muy lejos, colocado estratégicamente al principio del concierto. El primer cuarto de hora es una potente suma de temas que consiguen meter al público en el universo sonoro de la banda. Es cuando baja el ritmo y llega la música más suave cuando entra en juego el impacto visual. Canciones como Unas veces se gana y otras se pierde, siguiendo con los temas de Nocturnal, son las que se enriquecen claramente con la aportación escenográfica.

La ciudad maldita, Nocturnal, Nadie nos recordará, En el tiempo equivocado, Cazador, Lo que nos mantiene unidos… los temas de su último trabajo iban conformando el esqueleto básico del espectáculo que se iba trufando de los antiguos éxitos de la banda. Sin tí no soy nada, Cómo hablar, El universo sobre mí, Moriría por vos o una delicada versión de Marta, Sebas, Guille y los demás hicieron vibrar al público con la emoción propia de ver en escena al grupo que ha compuesto e interpretado aquello que siempre quisiste decir, pero que nunca supiste cómo hacerlo.

Tras un primer bis de tres canciones y un segundo bis cerrando con la ya citada Nadie nos recordará, los cinco se juntan encima del escenario y saludan al público. Una versión orquestal de Moon River y el escenario iluminado con las constelaciones, las estrellas y una magnífica luna llena da a entender al público que ya no hay más.

Eva Amaral. San Lorenzo 2016.

Eva Amaral. San Lorenzo 2016.

Copiloto

Abrieron la velada Copiloto o, lo que es lo mismo, la banda de Javier Almazán. La amistad que une a Javier, Eva y Juan se remonta a una divertida anécdota sucedida en 2008. Desde entonces han sido muchas las ocasiones en las que el músico oscense y su banda han teloneado a los zaragozanos. Presentaron canciones con un corte más rockero, con un punto de contundencia, sin duda para caldear el ambiente del concierto, pero también porque esa es la trayectoria que está llevando Almazán en sus últimos trabajos.

Copiloto es uno de los proyectos musicales oscenses más sólidos y lo demostraron ayer con una actuación muy notable, algo plana en su desarrollo. Eché de menos algún cambio de ritmo más evidente, pero supongo que la limitación de tiempo obligó a hacer una setlist muy escueta. Me quedaron ganas de más Copiloto y eso es una buena señal.

Copiloto. Concierto San Lorenzo 2016.

Copiloto. Concierto San Lorenzo 2016.

Conclusiones

Creo, sinceramente, que los músicos disfrutaron del concierto, casi tanto como un público entregado desde la primera canción. El resultado final, más cerebral que visceral, es un espectáculo de gran envergadura, con todo lo que ello implica. Todo está milimetrado y bien medido, no hay espacio para la improvisación, lo que es una virtud y un defecto al mismo tiempo. Eché de menos algún momento en el que se pueda producir un cierto desmelene, algún momento en el que se pueda incorporar algo fresco, improvisado. Hubo un cierto apunte de desmelene al principio del concierto, precisamente en los momentos más rockeros. Es eso lo que me faltaba en el resto del espectáculo. Por lo demás, ayer asistí al mejor concierto de música española que se puede ver en estos momentos. Sin duda alguna.

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