DEPEDRO

Sala El Veintiuno. Huesca

1 de octubre de 2016

 

Veo a esa gente de pie ante al olvido

que arriesga su cielo saltando al futuro

Había olvidado por un momento lo que se siente

Había olvidado por un momento ser valiente”

Ser valiente. DePedro

 

Jairo Zavala recibió una llamada de Vetusta Morla en la que le invitaban a ser su telonero “con esas canciones que haces ahora, que cantas bajito”. Zavala buscó un nombre familiar, algo sencillo. Así nació DePedro.

Desde entonces no ha dejado de cantar bajito. Lleva cuatro discos cantando bajito. En Huesca, presentaba su último álbum, “El Pasajero”, en El Veintiuno, que por su buena acústica y reducido tamaño es una sala ideal para cantar bajito, para cantar a media voz.

depedro huesca

Había mucha expectación por esta actuación de DePedro y eso se notó en la entrada. La sala estaba casi llena antes de la hora de comienzo del concierto. Las primeras filas estaban llenas de fans que llevaban un buen rato esperando a que Zavala apareciera en el escenario. De hecho, nuestra fotógrafa no lo tuvo fácil para hacer su trabajo. Acercarse era casi una misión imposible.

Zavala salió decidido y se encontró, tal como él dijo, con muchas sonrisas. Y eso es como jugar en casa. Así, solo con su guitarra, fue más fácil lanzarse al vacío y comenzar el concierto. Lo hizo con una de sus canciones más conocidas, Como el viento, que bailó y coreó el público. La siguiente canción ya fue de su último disco, ¿Hay alguien ahí?

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Así se fueron sucediendo canciones de su último disco y de los anteriores. Aunque vino a presentar su último disco no dejó en el tintero ninguna de sus canciones más conocidas, como Hombre bueno, Nubes de papel, Diciembre o Llorona. El público coreó todas las canciones y también las bailó, o mejor, se meció, porque la falta de espacio dificultaba el movimiento. Con las más nuevas, como Déjalo ir o DF, los coros eran más tímidos hasta que se volvía a repetir el estribillo y las cantaban con la misma intensidad que las que conocían más.

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Y “el pasajero” no solo jugaba en casa, sino que se había metido hasta dentro, estaba tocando en el salón. Cantando bajito con letras que son gritos de libertad, de llamada a la acción y a despertar desde uno mismo para despertar a una sociedad dormida.

Zavala parecía deleitarse de cada segundo que pasaba en el escenario. Y al público le llegaban sabores que el pasajero ha ido encontrando en su camino. Sabores de sonoridades vivas y resonantes de otras culturas. Rumbas, sonido fronterizo, son cubano, entre otros, a los que iba dando matices con su guitarra. No habló mucho entre canción y canción pero no dejó de comunicarse con el público a través de todo un lenguaje corporal que invitaba a que no perdieras ni un solo movimiento, a que lo miraras, a que te detuvieras a escuchar, a sentir.

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Escuchar todas estas canciones en acústico dio la oportunidad de apreciar que las canciones no se han perdido en la producción, que le siguen perteneciendo. De hecho, la producción del último álbum es excelente, es muy respetuosa y eso conlleva que conserven la misma fuerza e intensidad original.

Zavala hizo un bis de tres canciones, empezó con Miguelito, continuó con una canción sobrecogedora de su último disco, Ser valiente, y finalizó con Comanche a ritmo de rumba y pidiendo al público que llevara a los niños y niñas a conciertos. El público se quedó con ganas de más.

Jairo Zavala es uno de esos pasajeros que van de paso pero que nunca dejan de irse. En Huesca, dejó sonrisas, buen rollo, alegría. Y  nos dejó un buen concierto para recordar (que no es poco).