Si eres una persona fanática de las series de televisión, seguro que ya has visto la primera temporada de Mr. Robot, una agradable sorpresa dentro del panorama televisivo actual. Si no la has visto todavía, espero poder aportar argumentos sólidos para que lo hagas. En el momento de publicar este artículo, en EE.UU. ya se han emitido 7 de los 12 episodios de la segunda temporada, pero en este artículo nos limitaremos a hablar de los 10 episodios que conforman la primera.

Una serie… ¿original?

Pues sí y no. No quiero hablar en enigmas pero tampoco quiero caer en innecesarios spoilers para quienes no han visto la serie. Mr. Robot es una serie original porque el tema lo es: Elliot Alderson es un genio de la informática que trabaja de día como ingeniero en una empresa de cyber-seguridad y que por la noche se dedica a hackear todo aquello que no le gusta o le molesta. Es una especie de Robin Hood digital, aunque no es consciente de ello. Poco a poco entabla relación con un personaje que le anima a unirse a un grupo de hackers cuyo objetivo es destruir E Corp, el conglomerado de empresas responsable de la muerte del padre de Elliot.

Lo que no es original es el esqueleto en el que se basa la primera temporada de la serie. Si no quieres que desvele nada que no quieras saber salta hasta el próximo párrafo, porque lo que voy a escribir te puede jorobar alguna sorpresa argumental. Bueno, como iba diciendo, el esqueleto sobre el que está montado Mr. Robot es una mezcla entre El club de la lucha, American Psycho y V de Vendetta, dos obras literarias y un cómic que han tenido sendas adaptaciones cinematográficas. Claro, la mezcla es explosiva, una obra realmente subversiva porque es un ataque directo al american way of life hecho desde dentro. Las referencias a estas tres obras son obvias a todo lo largo de la primera temporada.

Mr. Robot es la lucha entre el malvado poder de una corporación industral y un grupo de hackers que quieren desmontar el sistema.

Mr. Robot es la lucha entre el malvado poder de una corporación industral y un grupo de hackers que quieren destruir el sistema.

Más influencias, sin spoilers

Las antes mencionadas no son las únicas referencias literarias o cinematográficas de la serie. Una influencia muy directa es esa joya del cine británico titulada Brazil (Terry Gilliam, 1985), película de la que toma no pocas referencias visuales y conceptuales. También Risky Bussines (Paul Brickman, 1983), una película que sorprendentemente se está convirtiendo en film de culto tres décadas después de su estreno. Otras influencias sorprendentes son, por ejemplo, El discreto encanto de la burguesía (Luis Buñuel, 1972), Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) o Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001), el remake norteamericano de Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997), en el campo cinematográfico y en el literario, a parte de las ya citadas, también encontramos una cierta magnitud shakespeariana, concretamente de Hamlet, especialmente en el tema central de la venganza contra E Corp por la muerte del padre y de Macbeth, con una comedida Stephanie Corneliussen en el papel de una Lady Macbeth del Siglo XXI, sólo por nombrar las más evidentes.

La serie cuenta también con otras influencias de la cultura popular y de la tecnología: Las propias letras de la cabecera de la serie están hechas con Yagi Double, la fuente de letras que utilizó SEGA para su logotipo; de forma intencionada, no se utiliza tecnología Apple en toda la serie, en su lugar se utilizan productos Samsung o basados en el sistema operativo Android. En los ordenadores, todos los programadores utilizan sistemas operativos Linux/Unix o variantes reales, hasta el punto que los actores que desarrollan algún personaje relacionado con la programación recibieron cursos sobre cómo hackear ordenadores; incluso el logo de E Corp está basado en la E del antiguo logotipo de los ordenadores DELL.

La serie aporta una renovación del lenguaje audiovisual creando otras metáforas o planos recurrentes. Cuando un personaje circula por un pasillo, lo habitual es hacer un plano subjetivo del suelo. Aquí lo hacen del techo.

La serie aporta una renovación del lenguaje audiovisual creando otras metáforas o planos recurrentes. Un ejemplo: cuando un personaje circula por un pasillo, lo habitual es hacer un plano subjetivo del suelo. En Mr. Robot lo hacen del techo.

No hay cabos sueltos

En Mr. Robot todo está milimetrado, nada se deja al azar. Cualquier detalle, por nimio que parezca, puede resultar determinante en futuros capítulos. El creador de la serie, Sam Esmail, es también el guionista principal y el director de muchos de los capítulos de la misma. De hecho, dirige personalmente los doce capítulos de la segunda temporada, actualmente en emisión. Recomiendo especialmente un segundo visionado de los episodios, porque seguro que encontraréis detalles que os pasaron desapercibidos en una primera ocasión. Por eso precisamente, sorprende la desaparición de uno de los principales personajes en el último capítulo de la primera temporada. Su ausencia nos hace presagiar que en la segunda va a cobrar aún más importancia.

Uno de los grandes aciertos es la elección de su protagonista, Rami Malek, un actor perfectamente creíble en el papel de Elliot, en el que es fácil dejarse caer por el histrionismo o el cliché barato y él ha optado por una interpretación que apuesta por el asombro y una actitud prácticamente en el umbral del autismo, muy creíble. Martin Wallström compone un ejecutivo y programador muy agresivo, un antagonista demasiado arquetípico para mi gusto, siempre a un paso de caer en el histrionismo. El resto del reparto está muy bien conseguido pero brillan especialmente Gloria Reuben como la psicoanalista de Elliot, una auténtica sorpresa, y un efectivo Christian Slater en uno de los papeles más importantes de esta compleja serie.

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Técnicamente, impecable

Cuesta creer que estamos ante una serie de televisión y, por lo tanto, un producto realizado con rapidez. El ritmo de la televisión es mucho más rápido que el del cine: no hay mucho tiempo para ensayos, los planos tienden a ser funcionales y los costes de producción bajan enormemente si los comparamos con los del cine, con lo que hay que hacer mucho con poco presupuesto. Por eso sorprende el resultado final de Mr. Robot.

En el décimo episodio hay varios planos de les deben haber costado lo que todo un largometraje en España. Pero no es el único ejemplo, toda la serie está llena de detalles de enorme calidad. La elección de los planos es maravillosa, la utilización del fuera de campo rompedora, la cámara nos muestra una realidad muy diferente a la de cualquier otra serie de televisión. Cualquier otra serie no se toma tantas molestias, suelen mostrar el plano obvio, algo que parece completamente prohibido en Mr. Robot. No es sólo una apuesta estética, también es una apuesta ética: Mr. Robot no es una serie más, ha llegado dispuesta a revolucionarlo todo.

Capítulo 10 de Mr. Robot. Christian Slater y

Capítulo 10 de Mr. Robot. Christian Slater y Rami Malek en una secuencia crucial.

Valoración final

Mr. Robot es una serie sobre cómo el poder manipula a la humanidad y los cauces que utiliza para ello, pero un grupo de hackers está dispuesto a subvertir el orden establecido. Para explicar esta historia se utilizan muchos aspectos tecnológicos, lo que alejará de la serie a un público no familiarizado con las nuevas tecnologías. Pero si entras en el juego que propone la serie, estás perdido: esta serie atrapa. Todos los episodios tienen un principio muy potente y un final sorprendente, por lo que es difícil dosificarse. Esta serie puede crear adicción.

Técnicamente es impoluta. Cada plano es una pequeña obra de artesanía, fotografía de alto nivel poético y narrativo. El elenco está muy bien escogido y es políticamente incorrecta, lo cual es de agradecer. Sam Esmail es capaz de cargarse a tu personaje favorito, así que no les cojas demasiado cariño, por si las moscas. La banda sonora es un acierto, capítulo a capítulo. Bajo mi punto de vista, Mr. Robot es la segunda mejor serie de televisión que se está produciendo en la actualidad en Estados Unidos. Mi valoración personal es de un 9 sobre 10.