Polifonik Sound. Barbastro

24 de junio de 2016

Salimos de Huesca dejando detrás la tormenta. Ya en Barbastro, y aunque parezca un tópico, descubrimos que la mejor forma de llegar a un festival indie es seguir a unos cuantos barbudos con camisa de cuadros. Llegamos al recinto ferial. Suena música ya. Nos ponemos en la cola para entrar. Es todo muy fluido. En un momento, tenemos nuestras pulseras y una invitación para una cerveza. Así da gusto.

Sobre el escenario exterior, el grupo oscense Domador haciendo una versión de Los Brincos, El pasaporte. Nos tomamos esa cerveza a la que nos han invitado, aún no hay mucho ambiente y a Domador le toca calentar motores para el festival. No es fácil pero es un reto del que salen airosos.

De los oscenses pasamos dentro del pabellón a ver a los leridanos, Pull my strings. El nombre es como una famosa canción de Dead Kennedys, así que voy con la curiosidad de si voy a reconocer en su música influencias de la gran banda californiana. Mucho me temo que sus influencias saltan una o dos generaciones y son mucho más actuales. Tienen un directo enérgico y disfrutan en el escenario, se gustan, pero no consiguen, o no consigo, que me transmitan esa energía.

Salimos. Ha llovido y las nubes negras siguen amenazando más lluvia. Rural Zombies están sobre el escenario exterior. Un pop encantador, sofisticado y elegante. La cantante va mirando al cielo. Se ven relámpagos cada poco tiempo. Llega lo inevitable, la lluvia. El público sigue allí mientras llueve hasta que empieza a sonar música en el escenario del interior del pabellón. Me quedo con las ganas de más pero entre la lluvia y que no quiero perderme a Mucho, me dirijo hacia dentro.

Se presentan “Somos Mucho y no es porque lo digamos nosotros”. Y sí, son mucho. El grupo, que pudimos disfrutar hace pocos meses en Huesca, llega con la misma formación más un guitarrista, Emilio Saiz, líder de Nothing Places y exguitarrista de Ivan Ferreiro. La guitarra aún favorece más a esas atmósferas que nos tienen acostumbrados y que pocos saben crear. Me fijo en un detalle que muestra la personalidad socarrona del cantante, Martín Perarnau IV, quien en su teclado Roland tiene borrada parte de la R para que ponga Poland, supongo que tiene que ver con su origen catalán.

Me acerco a primera fila a hacer un par de fotos y me encuentro una adolescente con auriculares y a su padre protegiéndola, la ha acompañado al festival para ver el concierto de Izal, quienes se encuentran en el staff. Su padre se lo señala y ella mira y salta, no puede contenerse.

Me llaman al teléfono y salgo del recinto para intentar oír algo. No veo cómo acaba Mucho, ¡qué rabia!

Atravieso la puerta y en la calle veo que, enfrente hay un parking de un supermercado, y casi no caben más coches. Se escucha el murmullo de las muchas personas que hay allí congregadas. No tienen prisa por entrar, están esperando a que empiece el concierto de Izal. Entro de nuevo y me voy a por una cerveza. Cuando llego hay una persona en los tickets y dos en barra. Se une otra persona para los tickets. Cuento en tokens, todo el mundo cuenta en tokens y todo se ralentiza. Mientras espero mis tokens y mi cerveza, voy escuchando a Belize. Me junto en la barra con mi compañero, le digo que llevan ya tres canciones, me dice que no puede ser, que le ha parecido solo una. Y pienso que sí, que está siendo un concierto muy plano. Me acerco con mi cerveza al escenario para estar más atenta a lo que sucede allí arriba. Me atrapa el sonido del bajo y las melodías de voz que encajan a la perfección mezclando inglés y castellano.

De repente, veo que la gente corre hacia el pabellón, al Escenario Huesca La Magia, ha comenzado Izal. ¿Cómo que ha comenzado Izal? No puede ser. Pero en efecto, traspaso la puerta y veo las luces rojas de Copacabana, el logo de su último disco. Sinceramente, no esperaba que esto sucediera en un festival con dos escenarios. Es el tercer concierto que no puedo ver entero. Pero sigamos, ahí tenemos a Izal.

Copacabana. Asuntos delicados. Hambre. Los seres que me llenan. Tambores de guerra. Despedida. 28 horas. Palos de ciego. Oro y humo. Mi pequeña gran revolución. Tóxica. Tu continente. Agujeros de gusano. Magia y efectos especiales. Pánico práctico. Qué bien. La mujer de verde. El baile. Esta es la lista de canciones que tocó Izal. Ahora, hay que hacer un ejercicio de imaginación y pensar en cientos de personas coreando desde el principio al final de la canción, sin parar de bailar y con caras sonrientes. En cuanto sonaban los primeros acordes de una canción, se oían los chillidos de la ilusión al reconocerla, de poder cantarla en directo con el grupo.

En el escenario, los músicos se saben perfectamente la lección, nada parece salirse del guión, es lo que llevan repitiendo desde hace meses. Me gusta mirar detalles de todos los miembros de las bandas pero me resulta imposible, la presencia escénica de Mikel Izal me atrae de tal manera que no consigo fijarme en nada más. Me tiene atrapada, tiene atrapado a todo el público. Explosión de confetis para acabar. Se acaba la fiesta, ¿o no?

A partir de ese momento continúan los directos en el interior del pabellón. Es el turno de Delorentos, banda irlandesa con más de diez años en activo, asidua a los festivales de música españoles y con fabulosas críticas y premios a sus espaldas. Son una banda con un buen directo y el público del Polifonik Sound lo sabe reconocer. Después del concierto de Izal, el pabellón quedó prácticamente vacío pero, poco a poco, muchas personas van entrando de nuevo y siguen bailando al ritmo de las canciones de esta banda. Lo que más me llamó la atención fue la alternancia de las voces principales. Música muy fresca y luminosa que podría ser la banda sonora de esos anuncios de cerveza que hacen todos los veranos. Escuchad Show me love.

Y aquí acabó nuestro Polifonik Sound este año. Me habían recomendado mucho a Grises pero no llegué a verlos, había que volver a Huesca. Otra vez más me quedo, entre todos los conciertos, con la propuesta de Mucho por original, por arriesgada, porque no se acomodan a lo que les funciona y siguen evolucionando disco a disco. Salgo también con la intención de prestar más atención a dos bandas desde ahora, a Rural Zombies y a Domador. El ambiente que vivimos, durante toda la tarde y noche, en el festival fue excelente.

Salimos del recinto, había una pandilla al lado de un coche, estaban escuchando música. Mientras nos dirigíamos al coche nos acompañaban sus voces cantando Golpe Maestro de Vetusta Morla. Ni rastro de la tormenta. En la primera curva, control de alcoholemia. Últimamente es como acabamos todos los festivales. Control superado, nos vamos para casa.

Polifonik Sound 2016. Domador.

Polifonik Sound 2016. Pull my strings.

Polifonik Sound 2016. Rural Zombies.

Polifonik Sound 2016. Mucho.

Polifonik Sound 2016. Belize

Polifonik Sound 2016. Izal.

Polifonik Sound 2016. Delorentos.

Polifonik Sond 2016. iPop FM