Rosalía y Refree
18 de febrero de 2017
Centro Cultural Manuel Benito Moliner (Huesca)

 

En el escenario dos sillas bajo dos focos rojos mientras el público se acomodaba. Al apagarse las luces del Centro Cultural Manuel Benito Moliner, los focos rojos se convierten en verdes. Entran en escena Rosalía y Refree, serios y concentrados, y se sientan en sus respectivos asientos. Suenan los primeros acordes de la guitarra de Refree, con “Si tú supieras compañero”, canción que abre el disco que ha hecho junto a Rosalía, “Los Ángeles”.

La voz de Rosalía comienza suave y llega cálida hacia el público. Es una voz que penetra, que te acoge, te refugia en ella, te pone la piel de gallina, te resuena dentro, te remueve, te acuna y, cuando ya te has abandonado a ella, y calla, el silencio te escupe y te devuelve a la puta realidad.

Rosalía domina la técnica vocal pero también domina el espacio, el escenario, que además, de con su voz, sabe llenarlo con su presencia, esté de pie o sentada. Gesticula con las manos pero comunica con todo el cuerpo. Es difícil ver a alguien tan joven con tal seguridad y comodidad en el escenario.

Refree no es un mero acompañante a la guitarra, no es un invitado al espectáculo de Rosalía. Está ahí en todo momento, forman un equipo que se conoce bien. No se miran durante las canciones, la voz sigue a la guitarra y la guitarra sigue, a la vez, a la voz, encajando con precisión milimétrica.

La idea de la muerte es la que da el tema a todo el disco “Los Ángeles” y sobrevuela todo el espectáculo, es una muerte dulce en la que caes sin retorno. En el concierto repasaron todas las canciones que componen el disco. En la segunda canción del concierto, “Por castigarme tan fuerte”, Rosalía dejó a todo el público boquiabierto con su técnica vocal y puso las bases de todo lo que iba a venir después: múltiples variaciones en el acento y en el ritmo y  unos adornos vocales exquisitos. La potente “Por mi puerta no pasen” la tocó Refree con un pincel, como púa, lo que dio una velocidad endiablada a su mano derecha. También pudimos disfrutar de “Catalina”, el single del disco, que Rosalía cantó con el micro en la mano, dejando el soporte del mismo, a un lado. “De plata” nos encandiló con una Rosalía cantando de pie y el potente riff de guitarra de Refree. Nos sobrecogió “Nos quedamos solitos”, con su demoledora letra y  una gran interpretación de ambos. Fue en la única en la que Refree le hizo coros. Completaron el repertorio, “Te venero”, “Día 14 de abril”, “La hija de Juan Simón” y “El Redentor”.

El público, en silencio sepulcral, aplaudió mucho al final de cada canción y se oyó algún tímido “olé”. Hubo un murmullo general cuando acabaron el concierto con una canción en inglés, “I see a darkness”, la misma que cierra el disco “Los Ángeles”. Escuchar a Rosalía cantando a inglés fue una sorpresa para muchos de los asistentes.

Esta crónica habla de música a través de las emociones porque fue un concierto catártico.  Tampoco se puede etiquetar la música de estos dos artistas porque sería limitar tan gran versatilidad. Lo que es cierto es que no tienen ningún miedo de salir de la zona de confort  para buscar, experimentar y curiosear con la música.

Pura emoción que puedo describir haciendo referencia al vestido que llevaba Rosalía y a los últimos versos de la canción “Blue Velvet” , escrita por Bernie Wayne y Lee Morris en 1950, “Y todavía puedo ver terciopelo azul a través de mis lágrimas”.