Hace dos semanas el equipo se desplazó desde Zaragoza para rodar varios días en Huesca. La semana que viene continuará el rodaje en la capital altoaragonesa.

Huesca, 19 de octubre de 2016.  Durante los meses de octubre y noviembre, varios enclaves de la provincia oscense y de Zaragoza se transforman en escenarios del documental de Teresa Ramón: puentes de Carrasca. Se trata del segundo largometraje del realizador aragonés Alejandro Cortés,  que estrenó en 2015, Refugios.
Para esta ocasión, Cortés ha elegido el género de documental para confeccionar un retrato de la artista Teresa Ramón, Premio Goya de las Artes del año 2015, a través de su experiencia artística y vital.
Este documental es un retrato de autor de carácter transversal que se acerca a la amplia carrera nacional e internacional de una aragonesa defensora del arte y de la formación en todas sus vertientes pero, sobre todo a la persona que está detrás de la obra. Una mujer artista que ha luchado y lucha por el arte y capacidad movilizadora ya sea desde su taller-refugio de Huesca o en su obra exhibida en diversos países de tres continentes.
El equipo que está llevando a cabo el rodaje está formado por: Alejandro Cortés, director; Amelia Hernández, directora de producción; Nacho Gracia y Vanesa Alami, directores de fotografía; Camino Ivars, jefa de producción; Vicente Bordonaba,  sonido; y Victoriano Serrano, conductor.
LA OBRA DE TERESA RAMÓN
Nuestro colaborador, Jaume García, experto en arte, considera que la obra de Teresa Ramóntiende a trabajar en varios aspectos diferenciados. Por una parte están sus figuras, arcaicas, dibujadas con un trazo primitivo, buscando los orígenes, la raíz, un estilo muy natural y alejado de cualquier tipo de academicismo. Por otro lado está la paleta de colores, vibrantes, poderosos, en la que destacan sus amarillos/ocres y sus azules, dos gamas que utiliza con especial inteligencia. Y finalmente, está su discurso artístico, con un especial énfasis en la figura femenina, que nos dibuja un mundo muy suyo, casi literario. Teresa Ramón consigue conjugar esos tres aspectos creando una atmósfera propia, obras llenas de vida, aunque la vida que retrata se basa en el dolor, en la soledad, con una visión crítica del mundo que la rodea, pero también llena de recursos mágicos o místicos”.