Pirineos Sur volvió a demostrar el pasado jueves por qué el escenario flotante del embalse de Lanuza es mucho más que un lugar para celebrar conciertos. La jornada, que reunió a la aragonesa Ester Vallejo, la canaria Valeria Castro y el gallego Carlos Ares, estuvo marcada por la emoción, la complicidad entre artistas y un final muy refrescante.
La encargada de estrenar la noche fue Ester Vallejo, que dio el comienzo a una velada que fue creciendo en intensidad a medida que avanzaban las horas. A continuación llegaría uno de los momentos más especiales de la noche con el regreso de Valeria Castro a Pirineos Sur. La cantante canaria volvía al festival un año después de no poder actuar en la edición anterior, cuando, pocas horas antes de subir al escenario, recibió la noticia del fallecimiento de su abuela y tuvo que cancelar. Un año después, el festival y la artista saldarían aquella cuenta pendiente y de alguna manera esa reconciliación.
Con un repertorio centrado en las canciones de El cuerpo después de todo, la artista canaria ofreció una actuación profundamente íntima y cargada de significado. Desde los primeros acordes se supo que no era un concierto cualquiera. Con la emoción a flor de piel que atravesó todo el setlist y convirtió el escenario en un espacio de recuerdo y homenaje.
La carga emocional atravesaba todas las canciones con una voz especialmente rasgada que transmitía toda la vulnerabilidad del momento. Lejos de restarle fuerza, esa fragilidad hizo que cada una de ellas conectara de forma especial con un público que acompañó el concierto con un silencio respetuoso y largos aplausos. Uno de los momentos más conmovedores llegaría con Guerrera, dedicada a la memoria de su abuela. Tras la intensidad emocional del concierto, la canaria eligió Sentimentalmente para despedirse con un tono más luminoso y festivo, dejando una sonrisa compartida.
El cierre de la noche corrió a cargo de Carlos Ares, que volvió a demostrar que el directo es uno de sus fuertes. Arropado por una banda con la que tiene una clara complicidad, el músico gallego desplegó un sonido más potente y vibrante que el del disco de estudio. La energía con la que afrontan cada tema y la naturalidad con la que interactúan sobre el escenario hacen que sus conciertos transmitan una sensación de disfrute colectivo que termina contagiando al público.
Aterrizaba en Lanuza con su gira La boca del lobo, con temas como Páramo, Lenguas calvas, Importante o Un beso de sol que interpretó junto a la también cantante Begut y miembro de su banda. También sonaron con fuerza temas de su álbum anterior como Velocidad, Materia prestada o Autóctono.
Uno de los momentos más celebrados de su actuación llegó cuando Valeria Castro regresó al escenario para interpretar Collar junto a Carlos Ares. La colaboración puso de manifiesto la buena sintonía entre ambos artistas y añadió un instante de complicidad a una noche ya de por sí cargada de emociones.
La parte final del concierto que desencadenaría el momento ya más álgido de la noche fue acompañada por temas como Días de perros, Aquí todavía y Peregrino.
Como broche final, tanto Valeria Castro y su banda como Carlos Ares y los suyos mantuvieron viva una de las imágenes más icónicas del festival: el tradicional salto al agua desde el escenario flotante. Un gesto festivo que simboliza el cierre de una actuación, pero que aquella noche también pareció celebrar el reencuentro, la música compartida y la belleza de un festival que sigue convirtiendo cada concierto en una experiencia difícil de olvidar.

